El Niño amenaza al Gran Resistencia: el avance urbano sobre zonas de riesgo incrementa la fragilidad metropolitana

La investigadora Laura Alcalá analiza las falencias en el sistema defensivo, cuestiona la falta de datos en el Plan de Emergencia oficial y alerta sobre el impacto de las flexibilizaciones normativas en el valle de inundación.
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El fenómeno de El Niño vuelve a encender las alarmas en el Área Metropolitana del Gran Resistencia (AMGR). Tras dos décadas de expansión urbana sin enfrentar crecientes extraordinarias, la posibilidad de precipitaciones por encima de la media y el ascenso de los ríos Paraná y Paraguay replantean los interrogantes sobre la preparación técnica y social de la ciudad frente a las inundaciones.

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La doctora Laura Alcalá, profesora titular de Urbanismo en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la UNNE e investigadora del CONICET en el Instituto de Investigación para el Desarrollo Territorial y del Hábitat Humano (IDTHH), analiza este complejo escenario. Según las previsiones para la Cuenca del Plata, el volumen de lluvias puede superar los registros históricos de 1982-1983 y 1998. Aunque un mismo fenómeno produce impactos diversos en la región —como ocurre en 2024 con los graves daños registrados en Rio Grande do Sul frente a un impacto mínimo en Resistencia—, los pronósticos actuales exigen máxima alerta.

Las incógnitas sin responder del Plan de Emergencia

Frente al pronóstico meteorológico, las autoridades difunden tareas de limpieza, profundización de canales y reuniones operativas. Sin embargo, Alcalá cuestiona que el Estado no explicite en qué consiste realmente el Plan de Emergencia.

Entre las principales incertidumbres que persisten en la comunidad destacan:

  • Alcance de los trabajos: No se precisa qué barrios son beneficiados por las intervenciones de las retroexcavadoras.

  • Red de escurrimiento: Se desconoce hacia dónde conducen el agua los canales y si los extremos cuentan con estaciones de bombeo operativas.

  • Falta de protocolos para la población: Las indicaciones públicas se limitan a evitar el arrojo de residuos, omitiendo pautas concretas sobre cómo actuar en cada sector urbano ante distintos niveles de contingencia.

Una infraestructura no testeada y la pérdida de reservorios

El Sistema de Defensas contra las crecientes del río Paraná concluye su construcción hacia 2004. Desde entonces, las obras no afrontan crecientes extraordinarias, por lo que la infraestructura nunca se pone a prueba en condiciones límite. Alcalá advierte que varias de las hipótesis del proyecto original terminan incumpliéndose con el paso de los años:

  1. Ocupación del "recinto del río Negro": El espacio comprendido entre la Defensa Norte, la avenida Sarmiento y la ruta Nicolás Avellaneda se proyecta originalmente como zona de amortiguación para acumular agua durante el cierre de compuertas. Sin embargo, la urbanización avanza activamente dentro de este reservorio.

  2. Crecimiento fuera de los límites defensivos: La edificación se extiende hacia el Norte, el Sur y las márgenes de los riachos Barranqueras y Antequeras, superando en dos chacras el límite del canal de la avenida Soberanía Nacional.

Flexibilización normativa y deterioro del sistema

Las medidas no estructurales del proyecto defensivo preveían restricciones estrictas para la ocupación de zonas bajas. No obstante, las presiones inmobiliarias, profesionales y de propietarios derivan en una flexibilización de los controles estatales.

La sustitución de la Resolución APA 1111/98 por la Resolución APA 303/17 y la modificación a la baja de las cotas de línea de ribera habilitan construcciones en áreas de alto riesgo. Emprendimientos como La Ribera y el Shopping Sarmiento obtienen aprobaciones por excepción, mientras el propio Estado edifica conjuntos habitacionales en zonas que alteran la línea de defensa o reducen el embalse de compensación Sur.

A la par del avance urbano, el mantenimiento preventivo padece serias falencias. Persisten las denuncias del geólogo Ramón Vargas sobre anomalías no respondidas en la Obra de Control, al tiempo que los terraplenes exhiben deterioros visibles, cárcavas, hundimientos y extracciones no autorizadas de tierra.

La mutación en la percepción del riesgo

Las transformaciones no se restringen al plano físico; también modifican la percepción social del peligro. Alcalá identifica tres comportamientos diferenciados en la ciudadanía:

  • Sectores con exceso de confianza: Personas que vivieron las crecientes de 1982-1983 y 1998, pero asumen las defensas como obras "definitivas", perdiendo la percepción del riesgo.

  • Generaciones sin memoria hídrica: La población menor de 40 años que solo experimenta anegamientos por lluvias breves. Este grupo desconoce el funcionamiento de las compuertas y carece de referencias para actuar ante emergencias prolongadas.

  • Sectores en incertidumbre: Vecinos que recuerdan colapsos históricos (como la rotura del primer dique del río Negro en 1982) y manifiestan temor ante la falta de directivas claras.

Retomar la gestión del riesgo: una urgencia metropolitana

Alcalá señala que las políticas de gestión del riesgo comunicativas —habituales durante la crisis de 1998, cuando la población conoce las cotas de su vivienda, las rutas de evacuación y los niveles de los ríos— sufren un paulatino abandono estatal.

Haciéndose eco de los planteos del doctor Rozé en su obra Inundaciones recurrentes. Ríos que crecen, identidades que emergen (2003), la especialista enfatiza que las obras de ingeniería no eliminan el riesgo. Ante contingencias graves como las sufridas en Porto Alegre, resulta indispensable prever planes ante cortes de energía, interrupción del agua potable y asistencia a adultos mayores aislados.

El escenario actual exige sincerar el estado de las infraestructuras, frenar el avance urbano sobre los "territorios del agua" y brindar información precisa para que cada habitante del Área Metropolitana del Gran Resistencia sepa cómo actuar cuando el río vuelva a demandar su espacio.

Epígrafe: El sistema de defensas del AMGR está integrado por los terraplenes de la Defensa Norte, el terraplén de Defensa Frontal paralelo al riacho Barranqueras, la Obra de Control —que incluye compuertas y 14 bombas— y el cierre Sur por la avenida Soberanía Nacional.

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