Nutrición deportiva: la regla de las 4 R que aplican los atletas de élite

El cronómetro marca el final del partido o la última repetición de la rutina. Sin embargo, para el organismo del atleta, el trabajo no concluye ahí: en ese preciso instante comienza la ventana nutricional más determinante para el rendimiento físico.
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Mientras la atención suele centrarse en la preparación previa, el deporte de alto nivel prioriza la primera hora posterior al esfuerzo para reparar tejidos, recargar las reservas de energía y preparar al cuerpo para el siguiente desafío.

Para estructurar esta fase crítica, Krissy Ladner —nutricionista deportiva, directora de Rendimiento Deportivo y Educación en Nutrición de Herbalife y especialista en el trabajo con futbolistas profesionales— presenta una metodología accesible para deportistas de todos los niveles: el esquema de las 4 R, al que se suma un quinto pilar fundamental.

1. Reponer: la recarga de combustible

Durante un entrenamiento intenso o un partido, el cuerpo consume el glucógeno muscular almacenado para sostener acciones explosivas como piques, saltos y cambios de dirección. Ladner señala un parámetro práctico: si durante la sesión la respiración es tan intensa que impide mantener una conversación, significa que las reservas de carbohidratos se agotaron y requieren recarga inmediata.

La especialista recomienda consumir entre 30 y 60 gramos de carbohidratos durante la primera hora post-ejercicio. Opciones como un plato de arroz con proteína magra, un sándwich de pollo en pan integral o un licuado de frutas con avena aportan la energía necesaria para este objetivo.

2. Reparar: la reconstrucción del tejido

El esfuerzo físico genera microlesiones en la fibra muscular que demandan proteínas para su reconstrucción. Para favorecer este proceso, la nutricionista sugiere incorporar entre 15 y 30 gramos de proteína de alta calidad (proveniente de pollo, pescado, huevos, lácteos o batidos proteicos).

En el ámbito profesional, Ladner aplica una proporción específica de tres partes de carbohidratos por una de proteína en la ingesta posterior al encuentro. Esto equivale a entre 60 y 120 gramos de carbohidratos y entre 20 y 40 gramos de proteína. Una alternativa práctica consiste en preparar un batido de recuperación con frutas congeladas, avena, leche o bebida vegetal y una porción de proteína en polvo.

3. Reforzar: protección biológica a largo plazo

Este paso busca brindar apoyo al sistema inmunitario, al sistema nervioso y a las células musculares mediante el consumo de alimentos ricos en compuestos antioxidantes y antiinflamatorios, tales como frutas, vegetales, cereales integrales, frutos secos, pescado y aceite de oliva.

Ladner destaca el uso de la curcumina —principio activo de la cúrcuma— por su capacidad para disminuir la inflamación y las molestias musculares. No obstante, remarca que no se trata de una solución mágica ni de un atajo para ganar masa muscular, sino de una herramienta que potencia sus beneficios al integrarse a una alimentación equilibrada.

4. Rehidratar: la clave del equilibrio hídrico

Reponer los líquidos y sales minerales perdidos a través del sudor constituye una de las tareas más simples y, al mismo tiempo, una de las que se pasa por alto con mayor frecuencia. La hidratación adecuada resulta indispensable para restablecer las funciones fisiológicas y facilitar el transporte de nutrientes hacia los músculos.

La quinta R: Reposar

A la fórmula original se le añade un elemento determinante: el descanso. La nutricionista enfatiza que la recuperación no se limita a la comida o la bebida, sino que exige darle tiempo al cuerpo para reparar sus tejidos. Durante el sueño, el organismo libera hormonas fundamentales para el crecimiento y la reconstrucción muscular. Por ello, el descanso forma parte activa del entrenamiento, reduce el riesgo de lesiones y garantiza la mejora sostenida del rendimiento.

De la alta competencia al entrenamiento cotidiano

Las 4 R no quedan reservadas únicamente a la élite deportiva. Cuando una sesión de entrenamiento exige un esfuerzo real por su duración o intensidad, estos mismos principios se aplican a quienes ejercitan de manera recreativa. Aunque las cantidades varían según el peso corporal y la carga física, la secuencia se mantiene firme: Reponer, Reparar, Reforzar, Rehidratar y Reposar.

El partido termina cuando el árbitro marca el final; la recuperación, en cambio, recién empieza


    
   
  
   

  
   
    
    
    
     
      
       

      
     
    
    

    
   
  
  
  
 

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